En el centro de mi práctica se encuentra la exploración de la huella como metáfora de la presencia, la pérdida y el estado de transición.
La huella es el resultado de una interacción: pertenece al mismo tiempo al objeto y al sujeto, pero a la vez se escapa de toda posesión.
Trabajo principalmente en técnicas de grabado — aguafuerte, aguatinta, mezzotinta, linograbado, monotipia y frottage. En ellas busco la posibilidad de reflejar la expresión, conservar el momento de tensión y transmitir la impresión: cada estampa fija un instante irrepetible. Incluso dentro de los procesos seriados, busco la singularidad y la divergencia.
Algunos de mis proyectos tienen carácter de archivo de la experiencia: el gesto, el contacto, la presión quedan registrados en el material como documentos del tiempo. El papel se convierte en un espacio de memoria, donde se refleja lo que está desapareciendo. Investigo cómo la materialidad y la tactilidad pueden transformarse en un lenguaje para hablar de la memoria, el tiempo y la experiencia.