Esta instalación explora el tema del enredo humano: estar atrapado en los propios pensamientos, emociones y en el flujo constante de información que define la vida contemporánea. El espacio se transforma en una red de cuerdas que envuelve al espectador.
Compuesta por cuerdas tensadas, una cabeza de cerámica y una pieza de papel marcada por la presión, la obra entrelaza fragilidad, resistencia y memoria. Las cuerdas, la cabeza y la huella convergen en un único campo de tensión que refleja la lucha interior por liberarse de los lazos creados tanto por uno mismo
como por el tiempo en que vivimos.